El Castillo de Alfambra y la antigua iglesia

Aljibe.

El cerro sobre el que se asentó el Castillo de Alfambra atesora en su subsuelo más de cuatro milenios y medio de Historia. Las evidencias más antiguas se remontan al Calcolítico Final, momento en el que debió ser ocupado por una pequeña comunidad de agricultores itinerantes. Siglos más tarde albergó en su cumbre un poblado del Bronce Antiguo-Medio, el más relevante de todo el Bajo Alfambra. Y unas centurias después, un asentamiento de la Primera Edad del Hierro, en este caso situado en la base. A éste le sucedió un poblado del Ibérico Pleno en la cumbre.

Pero las evidencias que actualmente resultan más visibles son medievales. En época islámica, concretamente entre los siglos IX a XI, albergó un importante castillo, que podría ser identificado con Garad.s, citado por el geógrafo andalusí Al-Udri (1002-1085); la coloración de sus arcillas permite vincularlo con el topónimo al-Hamra («el rojo»), Alfambra, que dio origen al nombre de la fortaleza, a la villa y al río que los riega. A este periodo pertenece la torre Nororiental de la fortaleza, con sillería de conglomerados trabada con mortero de yeso.

La posición fue conquistada hacia 1169 por Alfonso II, que la donó en 1174 a la Orden de Monte Gaudio. Se inició así un largo periodo, en el que pasó por tres órdenes militares, sucesivamente: Monte Gaudio / San Redentor (1174-1196), Temple (1196-1312) y Hospital (1317- siglo XIX). Durante la mayor parte de ese tiempo desempeñó la función de sede de encomienda, aunque con la primera de estas órdenes llegó a ser la casa maestral. Estas funciones llevaron implícita la implantación de una fortaleza de tipo conventual, que sustituyó al antiguo castillo islámico.

En medio del proceso de disolución del Temple, los freires de Alfambra encabezados por su comendador Berenguer de Olmos resistieron dentro del castillo, entregándose a las autoridades reales en mayo de 1308. En 1363, perteneciendo ya a los sanjuanistas, el castillo fue ocupado por los castellanos durante la Guerra de los Dos Pedros, siendo recuperado poco después. El declive de la fortaleza de Alfambra fue temprano. En la visita de Labaña (marzo de 1611) ya se encontraba en ruinas.

El núcleo de la fortaleza se instaló en el tercio septentrional de la cumbre, que coincide con el espacio más alto de la misma. El centro de ese núcleo debía estar ocupado por un pequeño patio, en cuyo subsuelo se encuentra un monumental aljibe con bóveda apuntada, reforzado con arcos fajones; en su interior se documenta la existencia de un interesante sistema de decantación de las aguas pluviales. En torno a este aljibe debían situarse las principales dependencias conventuales (sala capitular, refectorio, estancias del comendador y de los freires, capilla, archivo y, posiblemente, almacenes y bodega), distribuidas en edificios de dos o tres plantas, de cuyos tejados procedían las aguas recogidas en el aljibe.

El resto de la cumbre debía estar ocupado por dependencias auxiliares (caballerizas, corrales, habitaciones para los peones, graneros, horno y puede que incluso lagar) y por un posible patio de armas, este último seguramente en la parte central de la cumbre.

En la ladera suroriental, sobre un pequeño espolón situado a media altura, se conservan dos muros pertenecientes a la denominada «Iglesia Alta». A ella es posible que se trasladasen los restos mortales del conde Rodrigo Álvarez de Sarria (fallecido en 1188), fundador de la Orden de Monte Gaudio. Este templo desempeñó las funciones de parroquial de Alfambra hasta que en el año 1659 concluía la construcción de la actual iglesia.

Ruinas de la antigua iglesia parroquial.

El Cerro del Castillo visto desde el Oeste.