La Ermita de la Virgen del Consuelo

Antigua Parroquial de Camañas

Cabecera semicircular y estructura adosada a la misma, antes de la restauración.

La Ermita de la Virgen del Consuelo fue, en origen, la iglesia parroquial de Camañas. Su construcción comenzó a finales del siglo XII o principios del XIII. Inicialmente, los trabajos se centraron en la cabecera, que presentaba una planta absidial con una bóveda de medio cuarto de horno y un arco ligeramente apuntado. Esta primera fase, de traza tardo-románica, se caracteriza por su sencillez, con una cornisa adornada con canecillos desprovistos de elementos escultóricos.

En la siguiente fase del templo, ya de traza gótica, la nave gana amplitud, agregándose tres tramos (uno de ellos desaparecido), cubiertos mediante techumbre de madera sustentada por arcos diafragma.

La información histórica sobre el edificio es limitada. En 1304, la iglesia tenía un solo altar, un cáliz de plata, algunos libros litúrgicos y vestimenta púrpura, incluyendo una cinta esmaltada de Limoges (Francia). En el siglo XVI, las visitas pastorales proporcionaron detalles más precisos. En la visita pastoral de 1523, se describe el edificio como «cum decentia» y se inventarían tres campanas, ordenándose hacer un címbalo y poner puerta en el fosar que debía rodear la iglesia.

En 1554, se mencionó un retablo mayor que ocultaba las pinturas en el ábside, además de otros altares dedicados a santas como Inés y Lucía. También se describió la pila bautismal y otros objetos litúrgicos. En la visita de 1567 aún no se había construido la sacristía, ordenándose nuevamente su construcción.

Entre 1580 y 1594, se erigió una nueva iglesia parroquial, convirtiendo el antiguo edificio en una ermita. Ya en esa etapa, se construyó la sacristía, que ocultó las pinturas que quedaron dentro de la ermita.

La Ermita de la Virgen del Consuelo, conserva una notable colección de pinturas. El ábside está decorado con pinturas tardo-románicas, datadas en el siglo XIII, que presentan influencias góticas. Estas pinturas incluyen una representación de Jesucristo bendiciendo, rodeado por los cuatro Evangelistas, un Pantocrátor y un tetramorfos, en el que los cuatro evangelistas aparecen con alas y cartelas con los nombres. Se cree que estas imágenes tenían un papel central en la liturgia antes de que se instalara el altar de Nuestra Señora en 1554.

La cubierta de madera de la nave alberga un repertorio pictórico gótico-mudéjar dividido en tres conjuntos temáticos: caballeros, seres fantásticos y escenas cotidianas. El «ciclo de los caballeros» destaca por la presencia de jinetes moros y cristianos, con énfasis en los templarios y con la presencia de un maestre del Temple y del rey de Aragón. Las escenas representan combates y la persecución de los caballeros cristianos a los jinetes musulmanes hasta las puertas de una ciudad o de una fortaleza. Esto podría conmemorar algún evento militar, posiblemente relacionado con la conquista de Valencia y la participación de la familia Cardona, en particular, Guillermo de Cardona.

El «ciclo de los seres fantásticos» presenta criaturas sobrenaturales que simbolizan la lucha entre el Bien y el Mal, incluyendo monstruos, siamesas en conflicto y un feroz dragón, de cuya boca sale un extraño ser con cara de pez y cuerpo de reptil. El combate entre el Bien y el Mal también está presente en la escena de  un galgo persiguiendo a una liebre monstruosa y un águila simbolizando el Bien.

El tercer conjunto muestra escenas de la vida cotidiana, como hilanderas y un acemilero cargado. Sin embargo, estas escenas son difíciles de interpretar debido a su mal estado de conservación. También se representa un enfrentamiento entre un infante y un toro feroz, así como una misteriosa escena de dos jinetes en el mismo caballo, uno musulmán y otro de identidad ambigua, que podrían estar relacionados con una leyenda documentada en el siglo XV (la “enterrada viva”).

Estas pinturas, cuya datación se sitúa después de 1261 y antes de 1307, esconden un universo simbólico que sigue siendo objeto de estudio y admiración. La ermita ofrece una ventana a un fascinante capítulo de la historia y el arte.

En el interior del edificio hay una exposición fotográfica en la que se pueden ver de cerca las pinturas de la techumbre.

Pinturas tardorrománicas del ábside.

Uno de los caballeros templarios representados en la techumbre.